Un sillón masajeador trabaja el cuerpo entero, del cuello a los pies, con el respaldo reclinado casi a 170 grados. Así las zonas lounge de hotel o la sala de espera de un spa ofrecen un tratamiento sin masajista en plantilla. Hay modelos para casa, con calor y altavoces Bluetooth, y un sillón de masaje de pago que cobra solo.
El sillón de masaje de pago acepta monedas, fichas, billetes o pago por QR, y usted decide cuántos minutos da cada precio. Arranca con 10 a 20 segundos gratis para atraer al cliente. Si alguien se sienta sin pagar, salta una alarma, y lo recaudado se guarda en un cajón de hierro con cerradura. Una aplicación muestra los ingresos en tiempo real, de modo que un sillón en un vestíbulo, un centro comercial o un espacio para eventos se controla sin abrirlo.
La guía SL es el carril por el que se desplazan los rodillos: baja por la columna desde el cuello y se curva bajo el asiento hasta los glúteos. En un 4D los rodillos, además, salen y se retraen hacia el cuerpo y cambian de velocidad, de modo que la presión recuerda más a unas manos que a una almohadilla vibratoria. A eso se suman bolsas de aire que comprimen de los hombros a las pantorrillas.
El mecanismo suele ser el mismo. Lo que cambia es el uso: en las zonas lounge de hotel o en un gimnasio lo utiliza mucha gente al día, así que pide una tapicería resistente que se limpie de una pasada y, si el cliente paga, un módulo de cobro. El doméstico suma comodidades como el control por voz o los altavoces Bluetooth. Los cuatro modelos actuales funcionan a 110–240 V y se venden desde una unidad.
Detrás hace falta sitio para que el respaldo se recline unos 170 grados, y delante para que el reposapiernas suba y se extienda. Las medidas exactas en ambas posiciones están en la ficha de cada producto. El sillón se entrega montado, de una sola pieza, así que antes de pedirlo mida las puertas del recorrido hasta la habitación.