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Lo que hay que poner dentro: proyector o panel de gran formato, pantalla de proyección, rótulo con el nombre de la sala, sonido que llegue al fondo, pizarra digital interactiva y la mesa alrededor de la que se sienta todo el mundo. Las reservas de empresa se repiten, y una sala de conferencias se juzga una sola vez: la juzga quien va a contratar las doce siguientes.
Un panel, sonido que llegue y una mesa donde quepan todos. Después vienen los extras: una pizarra digital interactiva donde se trabaja, rotulación y un sistema de micrófonos de congreso donde se debate.
Lo deciden el tamaño de la sala y la luz natural: el proyector cubre un salón grande por poco dinero pero pide las persianas bajadas, mientras que un panel de 85–120 pulgadas se sigue leyendo con las cortinas abiertas. Pásenos las medidas de la sala y le decimos cuál de los dos toca.
Sí, y es lo habitual. Mándenos el listado de salas con las dimensiones y definimos cada sala de reuniones de hotel en consecuencia, para que las entradas y el mando sean los mismos en todas.
Se reduce a cuatro cosas que fallan delante del cliente: un panel que se lea desde la última fila, un micrófono que funcione sin portátil, un cable que sirva para todos los dispositivos y una iluminación que se regule sin apagarse del todo.