Equipamiento para tiendas de boba y bubble tea, donde cada bebida se monta a partir de cuatro decisiones: las perlas, que se cuecen y se mantienen todo el día; el té, que se infusiona siempre a la misma intensidad; el azúcar, que se dosifica en vez de servirse a ojo; y el vaso, que sale sellado.
Una tienda de boba son dos líneas de producción que se encuentran en el mostrador. Una cuece la tapioca y la mantiene: aguanta unas pocas horas, así que se cuece durante todo el día. La otra infusiona el té a una intensidad fija, dosifica el azúcar al gramo y sella el vaso. Si falla cualquiera de las dos, la bebida deja de salir igual y el cliente lo nota antes de saber ponerle nombre.
Las cantidades están calculadas para un local de mostrador con punta a la salida del colegio y por la tarde-noche. Los vasos, las pajitas y el film de sellado se eligen aparte, porque llevan su marca. Envíenos el plano del local y los comensales que espere, y ajustamos las cantidades antes de presupuestar.
Sillas de comedor
El bubble tea se bebe en el local mucho más de lo que se lleva, así que las mesas son parte del producto y no algo que se resuelve al final.
Focos antideslumbrantes sobre el mostrador y la barra de toppings. Es una carta que el cliente fotografía antes de bebérsela.
Negro / 43 - 55 cm
Taburetes a lo largo del mostrador de la ventana, que es donde se hacen las fotos con el móvil.
Controlador de altavoz para LS-01
Un mostrador joven y rápido necesita que la sala suene a sitio en el que apetece quedarse; por eso el vaso se fotografía aquí en vez de salir por la puerta.
Mesa (1,2 m) + 2 sillas (taburete de bar con respaldo)
Una repisa de 75 cm en la ventana convierte un boba para llevar en quince minutos de estancia, que es la diferencia entre un vaso y una segunda ronda a la salida del colegio. Esa altura de mostrador resuelve además dónde se pone quien espera de pie a que salga la tapioca.
Cuece y aclara las perlas por ciclos, en lugar de a fuego y con un temporizador. Las perlas aguantan cuatro horas como mucho, así que aquí se cuece durante todo el día: es la máquina sobre la que se sostiene el formato.
Cocedores pequeños de 9 L para una hora punta o para un segundo sabor de perla, sin ocupar la máquina principal.
Olla de 3 L
Mantiene las perlas cocidas a temperatura de servicio en el mostrador. Sin esto, o se quedan en el almíbar hasta que se endurecen, o vuelven al calor y acaban en pasta.
Infusiona la base de té a una intensidad y una temperatura fijas, y guarda agua caliente para el resto de la carta. Van dos máquinas para que el negro y el verde no compartan nunca un ciclo.
80 kg/24 horas
Casi todos los vasos de una carta de boba salen con hielo, así que de 80 a 120 kg al día son materia prima y no un adorno.
Un pedido de boba tiene cuatro niveles de elección —té, azúcar, hielo y topping— y la pantalla que ve el cliente corrige el ticket antes de que llegue a la coctelera.
Para sellar hacen falta los formatos de borde plano, y la mitad de la carta que lleva nata y fruta por encima pide los de tapa abombada, así que la gama va de 7 a 32 oz en las dos.
Dosifica la fructosa al gramo, de modo que un 50 % de azúcar signifique lo mismo en todos los vasos. Echar el sirope a ojo es por donde una carta de boba pierde la constancia.
El puesto de montaje de 1,2 m donde se monta cada bebida, con siropes, leche y toppings en frío al alcance de la mano para que nadie rompa el ritmo yendo a la nevera del fondo en plena avalancha de la tarde. Con el servido, el batido y el cucharón de toppings a un paso, la cola avanza a la velocidad de un solo par de manos.
1 vaso
Cada bebida se agita. Hacerlo a mano es lo que deja un mostrador de bubble tea en una bebida cada vez y lo que al tercer mes le produce una lesión de muñeca al personal.
Té con leche batido siempre con la misma textura, vaso tras vaso, al ritmo al que llega la cola.
El té es agua con hojas dentro. La filtración hace que la infusión sepa igual cuando cambia el agua de red y protege la caldera de la cal.
Una tercera máquina de té para el lado del oolong y los tés de frutas, para que una base de infusión lenta no bloquee las dos en las que se apoya la carta.
Hace popping boba —las perlas rellenas de zumo— en el propio local. Un segundo topping de casa, y el que el cliente reconoce como hecho aquí.
Negro
Con un vaso de 1,8 L y campana insonorizante, una sola máquina pica hielo para tés de frutas y smoothies en el mostrador sin tapar la conversación en plena avalancha de la tarde. En una carta de solo té con leche no hace falta, pero en cuanto entra una bebida batida se convierte en el cuello de botella que más vale resolver el primer día.
Hielo picado y hielo raspado para la mitad helada de la carta. El cubito se hunde en un té de frutas y lo agua; el picado se queda en suspensión y la bebida mantiene el color con el que se sirvió.
840 L
Quien espera ocho minutos a que salga el pedido de un amigo es la única compra por impulso que da este formato, y ocurre en el mural refrigerado que hay junto a la caja.
Cinco elecciones por pedido se tardan más en decir que en tocar, así que un kiosco de autopedido despacha los sencillos más rápido que la persona del mostrador.
Bolsas para llevar impresas para los pedidos de varios vasos, que son la mayoría.
Un vaso sellado sigue goteando por el agujero de la pajita, así que con cada pedido va una servilleta. Es lo más barato de la tienda que lleva el logotipo.
Cuando las perlas compradas pasan a ser la partida más alta de la factura, formarlas aquí a partir de almidón de tapioca amortiza la máquina en menos de un año.
Un segundo punto de agua caliente bajo el mostrador para un segundo puesto de servicio, cuando una cola se convierte en dos.
Cuba calentada con agitador para la base de té con leche y para el chocolate caliente que no está en carta: mantiene la bebida homogénea a una temperatura fija, de manera que a las cuatro de la tarde se sirve igual que al mediodía. Solo compensa si su carta se apoya en las bebidas calientes además de en el boba con hielo.
Nieve de hielo para el bingsu, el postre que mantiene la tienda con trabajo cuando ya ha pasado la punta de las bebidas.
Una segunda línea de sirope, para que los niveles de dulzor dejen de hacer cola detrás de un solo dosificador.
1 grupo
Espresso para los híbridos de café y té que hoy lleva cualquier carta de bubble tea.
Acero inoxidable 201
Las ollas de perlas, las cocteleras y las jarras llevan azúcar y lácteos, y aquí el inspector busca la secuencia de tres cubetas antes que ninguna otra cosa.
La leche fresca se abre cada mañana y la fruta cortada aguanta un día como mucho: el armario refrigerado evita que esas dos rotaciones compartan balda.
Aquí se pasa de sacar perlas mojadas a coger la tarjeta de un cliente y de vuelta en menos de un minuto, y los lavamanos del mostrador y de la zona de preparación están para cortar justo eso.
El residuo de azúcar sobrevive a un lavado a mano y vuelve como una película en el vaso siguiente, así que treinta cestas a la hora de cocteleras, jarras y vasos reutilizables pasan por máquina.
Refrigeración directa
Fruta cortada y toppings preparados por lotes bajo tapa refrigerada. La preparación de la hora de la salida del colegio se hace en la mañana tranquila, y nada de eso aguanta fuera hasta las tres.
Los recortes de fruta y las perlas gastadas se van por el desagüe en vez de a un cubo detrás del mostrador.
Congelación de reserva para purés de fruta, el stock de popping boba y los cubos de toppings, de modo que en la mesa refrigerada de debajo de la caja nunca haya más que un servicio.
Frío bajo la línea de servicio, para que la leche y los toppings queden al alcance de quien monta el vaso y no a su espalda.
40*60 cm (15,75*23,62 in)
En un servicio de mostrador no hay otra cosa que leer, así que el panel de encima del mostrador lleva la carta entera, y una carta de boba es larga.
Este formato vive de centros comerciales y calles comerciales, donde el rótulo compite con otros veinte en una misma línea de visión: por eso lo llevan la entrada, el escaparate y las placas de reparto.
Se carga solo, así que no hay zanja, ni electricista, ni conversación con el casero sobre llevar un cable hasta el bordillo.
Una cara / Enchufable
La sugerencia del día va en el caballete de la acera, y aquí cambia lo bastante a menudo como para que un cartel pintado esté equivocado el miércoles.
El muro de neón es la razón por la que la tienda aparece en el feed de alguien, y así es como se descubre casi siempre un mostrador de boba.
Ventilador holográfico en el escaparate: un vaso flotando sin pantalla detrás. Vende a la acera.
Sella la tapa de film. Un vaso de boba se agita, se transporta y se perfora con una pajita ancha, y una tapa a presión no aguanta nada de eso. Es la segunda máquina sin la que este formato no abre.
Las latas cerradas viajan mejor que un vaso con tapa y quedan bien en foto como producto, pero una tienda de boba abre perfectamente con vaso y film: esta es la mejora que convierte el para llevar en algo que el cliente se lleva al otro lado de la ciudad. Con un cambio de base se cubre el rango de 250 a 650 ml, así que toda la carta se cierra en una sola máquina.
Una selladora manual de respaldo y para el segundo puesto. Si la automática se para, la tienda cierra: por eso van dos.
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