Una botella abierta sigue dando copas durante semanas en lugar de uno o dos días: el argón o el nitrógeno cubren el vino dentro de la propia botella. Cada dispensador de vino por copas monta de 2 a 8 botellas.
Semanas, frente al día o dos que aguanta abierta en la barra: el gas inerte cubre el vino dentro de la botella y el oxígeno no llega a la superficie.
Los dos desplazan el oxígeno y sirven igual de bien. El argón pesa más y se asienta sobre el vino, y el nitrógeno sale más barato de recargar. Cualquiera de los dos vale para el servicio por copas.
Sí. Los modelos de autoservicio dosifican una cata, media copa o copa entera con cargo a una tarjeta IC o a un código QR, que es lo que encaja en salas de cata y zonas lounge de hotel.
Depende de cuántas botellas tenga abiertas y de cuánto sirva, así que no hay una cifra única. Las bombonas de argón y de nitrógeno se consiguen en toda Europa: consúltenos qué conexión lleva su modelo.
Son armarios de acero inoxidable y cristal con los alojamientos de botella iluminados, hechos para estar a la vista y no escondidos en la trastienda: un sistema de conservación expuesto vende la carta de vinos. Díganos cuántas botellas quiere y en qué acabado.
El argón pone una capa inerte sobre el vino a medida que se sirve, y el oxígeno no llega a la superficie. Dentro de un dispensador, ese sistema de conservación mantiene la botella tres o cuatro semanas. Si el equipo conserva pero no lleva enfriador de vino, un blanco aromático se pierde antes por la temperatura.
El dispensador de barra lo maneja el personal. El de autoservicio con sistema de tarjetas deja que el cliente se sirva solo, que es lo que quieren la mayoría de las zonas lounge de hotel y las salas de cata. Enomatic es la marca más conocida de esa misma idea, y un dispensador de vino de grifo tira vino de barril en lugar de botella, más barato por copa cuando hay volumen. En los dos casos es un dispensador de vino por copas, y lo que se vende es la segunda copa de una botella que nadie habría abierto.