La máquina muele, prepara el café y texturiza la leche con un solo botón, y eso es exactamente lo que se compra: quien sirve no tiene que saber sacar un espresso. Por eso la cafetera superautomática funciona en recepciones de hotel, oficinas y barras de autoservicio, donde contratar a un barista no entra en los planes.
La cafetera superautomática encaja en barras sin barista: muele, prepara y texturiza la leche con solo pulsar, y mantiene la misma taza durante todo el servicio. La tradicional, en cambio, devuelve más cuanto mejor sea el barista que está detrás.
La producción depende de la capacidad de la tolva y de la recuperación de la caldera. Los modelos de una tolva para recepción quedan por debajo de los de doble tolva de autoservicio, pensados para afluencia continua. Díganos su hora punta y la dimensionamos.
La mayoría se conectan a una toma de agua filtrada. Algunas funcionan con depósito propio para servicios cortos, y las de encastrar llevan los puntos de conexión integrados. Lo confirmamos modelo a modelo.
Lo que las oficinas instalan como máquina expendedora de café es una superautomática con módulo de cobro. Para congresos, la misma máquina se configura sin cobro y se coloca junto a la mesa de la pausa de café. El resto del material para esa pausa —termos, vasos, leche— va con el equipamiento de catering.