En un cuchillo de damasco el dibujo no está impreso en la superficie: está plegado dentro del propio acero. Las hojas van de 58 a 62 HRC, más duras que las de un cuchillo de cocina corriente, y lucen en un pase abierto donde el cliente ve las manos del cocinero.
Acero plegado en capas que dibuja una veta ondulada a lo largo de la hoja. Junta un filo duro y fino con la tenacidad que hace falta para el servicio diario.
El dibujo sale del propio plegado, así que el cuchillo de damasco destaca en un pase abierto y, bien forjado, mantiene un filo afilado y duradero.
Lávelos a mano y séquelos en vez de meterlos en el lavavajillas industrial, y engrase las hojas de núcleo de carbono para que no se manchen. En cada cuchillo indicamos el cuidado.
El cuchillo forjado a mano en acero en capas se hace, no se troquela, y de ahí sale el dibujo. La diferencia práctica está en el acero del núcleo: a 58–62 HRC coge un filo más fino y pide más cuidado sobre la tabla.